I
Dice que come con su voz de melodrama
y me mira y dice
comí
y se caga de risa, con ese tono desvariado;
con ese tono de puta refinada,
una puta bien cara pero puta al fin.
Está sentada y baja la mirada,
y la alinea con el horizonte de la mesa
y me espía despacito, con miedo
y repite
mange en voz baja –con tono delicado,
por supuesto-, por su puesto lo dice dos veces
(mange mange)
y se vuelve a callar.
De nuevo sus ojos clavados en mí
y engulle un bocado,
y me dice que no es feliz
y su cabeza cae sobre el plato
arriba de la mesa que es de vidrio negro
el alma de esta puta dolorida
y se ríe con la jeta cubierta de salsa
II
Repite perdones a las rodillas de su amo
para después dormirse como una muñeca
en el respaldo de la silla con el cigarrillo prendido.
La escena exige, algunas veces, el pelo suelto.