domingo 18 de octubre de 2009

Como la huella del pájaro en el aire.


......Más de un cuarto de siglo había transcurrido sin que regresara al país de mi primer nacimiento. Con excepción de Armando, que había viajado dos veces a París, un distanciamiento ya próximo a la ausencia me separaba de mis hermanos y hermanas.
......De vez en cuando, el uno o la otra me enviaba fotografías, pero en estas instantáneas tomadas en ocasión de un acontecimiento feliz, de un cumpleaños, o de una de esas reuniones dominicales en torno a una mesa generosa, de las que ellos hacen culto, ninguno estaba solo, de modo que yo jamás había vuelto a verlos en su singularidad, cada uno semejante a sí mismo y a ningún otro, como en mi recuerdo: en esas fotos, todos cedían una parte de ellos mismos al niñito que esgrimía una cuchara goteante a quien le secaban la carita, a su vecino o al fotógrafo que los exhortaba a mirar el objetivo, y mientras prestaban un oído al gracioso de turno, ocupado en provocar la risa y mueca, todos asentían con complacencia, con ceremonia.
......Aun en lo que dura un instante, que es y ya no es, uno procura mostrarse atractivo, con el mejor aspecto; alza el mentón para estirar las mejillas, las cejas para alisar los parpados, a riesgo de convertirse en la propia caricatura y, para terminar, en un súbito reflejo sobre el cristal de la ventana, uno comprueba que el pasado no miente ni posterga la entrada de la vejez.
......Durante el tiempo que pasé con mis hermanos y hermanas, comprendí la necesidad que ellos tenían de conservar las imágenes, las huellas de una comida, de una pequeña fiesta, de un paseo: el ritual permanecía inmutable y un bello corte de pelo, o el de un vestido de antaño, los divertía, acompasaba el tiempo, preservaba los momentos dispersos, lo que desaparece o se marchita, las cosas destinadas a perdurar: y esto consolidaba su realidad, los distraía de la angustia que les provocaba el porvenir, ciertamente prefijado desde siempre y como ya acaecido.
......Porque rendían culto a la memoria y, sin saberlo, tenían el sentido de los orígenes, ellos podían recordar su vida con la ayuda de esas humildes fotografías, su alcancía común. Las fotografías irían destiñéndose, se volverían cada vez más borrosas, pero eran su caudal de poesía.

Héctor Bianciotti.

sábado 10 de octubre de 2009

Archibald Higbie



Te desprecié, Spoon River.
Traté de elevarme por encima de ti:
me avergonzabas. Te detestaba
como lugar de mi nacimiento.
Y allí, en Roma, entre los artistas,
hablando en italiano, hablando francés,
a veces me parecía que me había librado
de todo rastro de mi origen …


I loathed you, Spoon River. I tried to rise above you,
I was ashamed of you. I despised you
as the place of my nativity.
and there in Rome, among the artists,
speaking Italian, speaking French,
I seemed to myself at times to be free
of every trace of my origin ...

Edgar Lee Masters
Tr. J.López Pachecho
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Foto: "Cable Car" de Alejandro Gulminelli

domingo 4 de octubre de 2009

Toco tu boca

Pero el amor, esa palabra…

......Me invitas a saltar y no puedo dar el salto; me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado; para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo.
......Lo que mucha gente llama amar consiste en el elegir el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. (…) vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

Rayuela. Cap. 93.