domingo 6 de diciembre de 2009

La línea.

......Yo de chica dibujé líneas sobre el piso del cuarto, en la pared de la cocina, en los bancos de la escuela.
......Una vez quise escapar de casa, pero en la esquina me detuvo un auto. Manejaba un tipo con unos bigotes que me parecieron serios, después descubrí que ningún bigote era serio. Mi mamá abrió la ventanilla de acompañante y me dijo “te pasaste de la raya”. Esa fue la primera vez que escuché que había una raya, fui irónica sin quererlo y pregunté dónde estaba la raya. De vuelta en casa cumplí mi penitencia, culpa, vergüenza, comida fría. Pensé mucho en lo que significaba pasar una raya pregunté si habría retorno y me dijo que no. Tuve sueños raros: mamá y mis hermanos me saludan desde la vereda de enfrente, yo quiero levantar la mano y no puedo. El hombre del bigote camina por la calle entre los autos, se detiene en un semáforo, me mira y los mira, pero se va con ellos.
......Luis, el del bigote, no era serio, por eso visitaba a mamá por las noches. Andaba todo el día rondando y ella, más contenta que nunca, saludaba a los vecinos en la calle. Encantada de estar en boca de todos, encantada de que la señalaran. Yo, en cambio, hundía los ojos en su brazo y le apoyaba los dientes con ganas de morderla.
......Una tarde mamá llegó a casa con un vestido verde, lleno de botones que formaban filas. El vestido le quedaba horrible. Yo no se lo dije, a ver si el bigotudo se asustaba. Pero no, era como si se hubiesen enamorado. Esa misma noche mamá estrenó el vestido, se puso sus zapatos rojos, parecía un árbol de navidad. Cenamos los cuatro, Ariel, Lili, mamá y yo. Sonó el timbre, mamá se paró y salió corriendo a la puerta. Entró él con una nena de la mano. Como una pesadilla, mamá nos presentó a Marta, la hija de Luis. Pegué un grito que retumbo en el techo “te pasaste de la raya, mamá”, me metí en el cuarto y golpeé la puerta. Marta lloró en mi sillón. Lili me contó que mamá quiso acariciarle ese pelo de alambre, pero los dedos se le enredaron y Marta le dijo “me hacés doler, bruta.
......Yo caminaba por la vereda y él me miraba desde un coche blanco. Los dos nos quedamos mudos, lloramos. Papá no se bajó del auto. Pegué mis ojos al vidrio, apoyé las manos sobre la ventanilla y él las suyas. Después sacó de su bolsillo el bigote de Luis. Qué alegría.


Rosa Lesca
“La línea” en Día del padre.

sábado 28 de noviembre de 2009

¡Hay bondi!

Testimonios de un boleto capicúa (parte I)
A Gustavo Luttheral


......“He visto a Dios y lo he perdido en el camino, he visto el no-amor y el des-olvido, he vuelto del infierno enloquecido, he ganado en la miseria. Para Igea´s he escrito y he vivido en la periferia”.
......Al parecer, Vergara dejó su cargo en Igea´s luego de no poder definir inconvenientes económicos con la firma. Decía Mariano: “Desde que escribo aquí no he recibido ni cinco centavos partidos por la mitad”. A esto respondió Ignacio Milano, editor: “el tendría que pagarnos a nosotros, mita’ por brindarle un espacio para comunicarse y dar a conocer su obra, mitá’ por daños y perjuicios”. Luego de estas afirmaciones, no le quedó otra a Vergara que callar la boca y salir corriendo, como quien le toca el timbre a Sandro y no compró regalo.
......En medio de la conferencia, casi exclusiva (tan sólo concurrieron tres medios de prensa locales y de dudosa importancia), a un despistado, probablemente periodista, se le ocurrió preguntar el porqué de la inclusión de la periferia en su respuesta. Mientras todos los concurrentes nos sentíamos indignados por aquel desvío, Vergara se estremeció y salto de la silla, como si fuese iluminado por una musa, cualquiera que fuese. El polígrafo se detuvo unos segundos, miró al firmamento, agitó su puño como quien quiere transformar su energía mecánica en sustancia del ingenio y exclamó: ¿Alguien tiene cambio para la máquina del café?
......Luego, es decir, después de tomarse el café, dijo: “miren, aquí tomo un café en menos de quince minutos. En mi casa, en la periferia, si quiero un café tengo que hacérmelo yo. Si no he comprado, tengo que caminar quince cuadras, y si encima llovió unos días atrás, digamos, unos veinte días antes, tengo que ir patinando en el barro. Encima, si no tengo colador, debo caminar unas quince cuadras más, para no hablar del tema de los colectivos”. Cuando escuché ese indignado final, mi cara estalló de alegría, pues recordé que Vergara es uno de los grandes teóricos que existen acerca de los medios de transporte públicos, seguidor de la doctrina Luttheriana. Sabía yo que podríamos llegar a generar algo polémico a través de la continuidad del discurso colectivediano de Mariano, y le pedí al maestro que nos explicara parte de su cuerpo teórico. El chiste del polígrafo fue extremadamente obsceno. Luego, se relajó unos segundos y, no sin antes decirnos que mucho material ya había elaborado el para Igea´s y que bastaba con que concurriéramos a aquel sitio por más información, se explayó sobre el tema, cuyo contenido resumiremos a continuación...


Mariano Vergara

sábado 21 de noviembre de 2009

¿Mirones o caminantes?



Desde el piso 110 del World Trade Center, ver Manhattan.
Bajo la bruma agitada por los vientos, la isla urbana,
mar en medio del mar, levanta los rascacielos de Wall Street,
se sumerge en Greenwich Village, eleva de nuevo sus crestas en el Midtown,
se espesa en Central Park y se aborrega, finalmente, más allá de Harlem.
(Marejada de verticales.)

La agitación está detenida, un instante, por la visión.
La masa gigantesca se inmoviliza bajo la mirada.
Se transforma en una variedad de texturas
donde coinciden los extremos de la ambición

y de la degradación, las oposiciones brutales de razas y estilos,
los contrastes entre los edificios creados ayer,
ya transformados en botes de basura,
y las irrupciones urbanas del día que cortan el espacio.

A diferencia de Roma, Nueva York nunca ha aprendido

el arte de envejecer al conjugar todos los pasados.
Su presente se inventa, hora tras hora, en el acto de desechar lo adquirido

y desafiar el porvenir.
(Ciudad hecha de lugares paroxísticos en relieves monumentales).


El espectador puede leer ahí un universo que anda de juerga.
Allí se escriben las formas arquitectónicas de la coincidatio oppositorum
en otro tiempo esbozada en miniaturas y en tejidos místicos.
Sobre esta escena de concreto, acero y cristal que un agua gélida parte entre dos océanos

(el Atlántico y el continente americano), los caracteres más grandes
del globo componen una gigantesca retórica del exceso
en el gasto y la producción

¿A qué erótica del conocimiento se liga

el éxtasis de leer un cosmos semejante? Al gozarlo violentamente,
me pregunto dónde se origina el placer de “ver el conjunto",
de dominar, de totalizar el más desmesurado de los textos humanos.

Subir a la cima del World Trade Center es separarse del dominio de la ciudad.
El cuerpo ya no está atado por las calles que lo llevan de un lado a otro
según una ley anónima; ni poseído.

El que sube allá arriba sale de la masa que lleva y mezcla en sí misma

toda identidad de autores o de espectadores.
Al estar sobre estas aguas, Icaro puede ignorar las astucias de Dédalo

en móviles laberintos sin término.

Su elevación lo transforma en mirón. Lo pone a distancia.
Transforma en un texto que se tiene delante de sí, bajo los ojos,

el mundo que hechizaba y del cual quedaba “poseído".
Permite leerlo, ser un Ojo solar, una mirada de dios.

¿Habrá que caer después en el espacio sombrío
donde circulan las muchedumbres que, visibles desde lo
alto, abajo no ven. Caída de Ícaro.

En el piso 110, un cartel, como una esfinge, plantea
un enigma al peatón transformado por un instante en visionario:
It's hard to be down when you're up

La ciudad-panorama es un simulacro “teórico" (es decir,
visual), en suma un cuadro, que tiene como condición
de posibilidad un olvido y un desconocimiento de las prácticas.

El dios mirón que crea esta ficción literaria y que, como el de Schreber,
sólo conoce cadáveres.

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Texto en prosa: M. de Certeau: "Mirones o caminantes".
Foto: Alejandro Gulminelli: "Head up" http://unafotopordia.blogspot.com/

viernes 13 de noviembre de 2009

Enfermedad y callejón sin salida.


El poema de Baudelaire se llama “El viaje”. El poema es largo y delirante, es decir posee el delirio de la extrema lucidez, y no es éste el momento de leerlo completo. El traductor es el poeta Antonio Martínez Sarrión y sus primeros versos dicen así:

Para el niño, gustoso de mapas y grabados,
Es semejante el mundo a su curiosidad.

El poema, pues, empieza con un niño. El poema de la aventura y del horror, naturalmente, empieza en la mirada pura de un niño. Luego dice:

Un buen día partimos, la cabeza incendiada,
Repleto el corazón de rabia y amargura,
Para continuar, tal las olas, meciendo
Nuestro infinito sobre lo finito del mar:

Felices de dejar la patria infame, unos;
El horror de sus cunas, otros más; no faltando,
Astrólogos ahogados en miradas bellísimas
De una Circe tiránica, letal y perfumada.

Para no ser cambiados en bestias, se emborrachan
De cielos abrasados, de espacio y resplandor,
El hielo que les muerde, los soles que les queman,
La marca de los besos borran con lentitud.

Pero los verdaderos viajeros sólo parten
Por partir; corazones a globos semejantes
A su fatalidad jamás ellos esquivan
Y gritan “¡Adelante!” sin saber bien por qué

El viaje que emprenden los tripulantes del poema de Baudelaire en cierto modo se asemeja al viaje de los condenados. Voy a viajar, voy a perderme en territorios desconocidos, a ver qué encuentro, a ver qué pasa. Pero previamente voy a renunciar a todo. O lo que es lo mismo: para viajar de verdad los viajeros no deben tener nada que perder. El viaje, este largo y accidentado viaje del siglo XIX, se asemeja al viaje que hace el enfermo a bordo de una camilla, desde su habitación a la sala de operaciones, donde le aguardan seres con el rostro oculto debajo de pañuelos, como bandidos de la secta de los hashishin. Por cierto, las primeras estampas del viaje no rehúyen ciertas visiones paradisíacas, producto más de la voluntad o de la cultura del viajero que de la realidad

¡Asombrosos viajeros! ¡Cuántas nobles historias
Leemos en vuestros ojos profundos como el mar!
Mostradnos los estuches de tan ricas memorias

Y también dice: ¿Qué habéis visto? Y el viajero, o ese fantasma que representa a los viajeros, contesta enumerando las estaciones del infierno. El viajero de Baudelaire, evidentemente, no cree que la carne sea triste y que ya haya leído todos los libros, aunque evidentemente sabe que la carne, trofeo y joya de la entropía, es triste y más que triste, y que una vez leído un solo libro, todos los libros están leídos. El viajero de Baudelaire tiene la cabeza incendiada y el corazón repleto de rabia y amargura, es decir, probablemente se trata de un viajero radical y moderno, aunque por supuesto es alguien que razonablemente quiere salvarse, que quiere ver, pero que también quiere salvarse. El viaje, todo el poema, es como un barco o una tumultuosa caravana que se dirige directamente hacia el abismo, pero el viajero, lo intuimos en su asco, en su desesperación y en su desprecio, quiere salvarse. Lo que finalmente encuentra, como Ulises, como el tipo que viaja en una camilla y confunde el cielo raso con el abismo, es su propia imagen:

¡Saber amargo aquel que se obtiene del viaje!
Monótono y pequeño, el mundo, hoy día, ayer,
Mañana, en todo tiempo, nos lanza nuestra imagen:
¡En desiertos de tedio, un oasis de horror!

Y con ese verso, la verdad, ya tenemos más que suficiente. En medio de un desierto de aburrimiento, un oasis de horror. No hay diagnóstico más lúcido para expresar la enfermedad del hombre moderno. Para salir del aburrimiento, para escapar del punto muerto, lo único que tenemos a mano,y no tan a mano, también en esto hay que esforzarse, es el horror, es decir el mal. O vivimos como zombis, como esclavos alimentados con soma, o nos convertimos en esclavizadores, en seres malignos, como el tipo aquel que después de asesinar a su mujer y a sus tres hijos dijo, mientras sudaba a mares, que se sentía extraño, como poseído por algo desconocido, la libertad, y luego dijo que las víctimas se habían merecido lo que les pasó, aunque al cabo de unas horas, más tranquilo, dijo que nadie se merecía una muerte tan cruel y luego añadió que probablemente se había vuelto loco y les pidió a los policías que no le hicieran caso. Un oasis siempre es un oasis, sobre todo si uno sale de un desierto de aburrimiento. En un oasis uno puede beber, comer, curarse las heridas, descansar, pero si el oasis es de horror, si sólo existen oasis de horror, el viajero podrá confirmar, esta vez de forma fehaciente, que la carne es triste, que llega un día en que todos los libros están leídos y que viajar es un espejismo. Hoy, todo parece indicar que sólo existen oasis de horror o que la deriva de todo oasis es hacia el horror.



Roberto Bolaño
"Literatura + enfermedad = enfermedad"
en El gaucho insufrible

domingo 18 de octubre de 2009

Como la huella del pájaro en el aire.


......Más de un cuarto de siglo había transcurrido sin que regresara al país de mi primer nacimiento. Con excepción de Armando, que había viajado dos veces a París, un distanciamiento ya próximo a la ausencia me separaba de mis hermanos y hermanas.
......De vez en cuando, el uno o la otra me enviaba fotografías, pero en estas instantáneas tomadas en ocasión de un acontecimiento feliz, de un cumpleaños, o de una de esas reuniones dominicales en torno a una mesa generosa, de las que ellos hacen culto, ninguno estaba solo, de modo que yo jamás había vuelto a verlos en su singularidad, cada uno semejante a sí mismo y a ningún otro, como en mi recuerdo: en esas fotos, todos cedían una parte de ellos mismos al niñito que esgrimía una cuchara goteante a quien le secaban la carita, a su vecino o al fotógrafo que los exhortaba a mirar el objetivo, y mientras prestaban un oído al gracioso de turno, ocupado en provocar la risa y mueca, todos asentían con complacencia, con ceremonia.
......Aun en lo que dura un instante, que es y ya no es, uno procura mostrarse atractivo, con el mejor aspecto; alza el mentón para estirar las mejillas, las cejas para alisar los parpados, a riesgo de convertirse en la propia caricatura y, para terminar, en un súbito reflejo sobre el cristal de la ventana, uno comprueba que el pasado no miente ni posterga la entrada de la vejez.
......Durante el tiempo que pasé con mis hermanos y hermanas, comprendí la necesidad que ellos tenían de conservar las imágenes, las huellas de una comida, de una pequeña fiesta, de un paseo: el ritual permanecía inmutable y un bello corte de pelo, o el de un vestido de antaño, los divertía, acompasaba el tiempo, preservaba los momentos dispersos, lo que desaparece o se marchita, las cosas destinadas a perdurar: y esto consolidaba su realidad, los distraía de la angustia que les provocaba el porvenir, ciertamente prefijado desde siempre y como ya acaecido.
......Porque rendían culto a la memoria y, sin saberlo, tenían el sentido de los orígenes, ellos podían recordar su vida con la ayuda de esas humildes fotografías, su alcancía común. Las fotografías irían destiñéndose, se volverían cada vez más borrosas, pero eran su caudal de poesía.

Héctor Bianciotti.

sábado 10 de octubre de 2009

Archibald Higbie



Te desprecié, Spoon River.
Traté de elevarme por encima de ti:
me avergonzabas. Te detestaba
como lugar de mi nacimiento.
Y allí, en Roma, entre los artistas,
hablando en italiano, hablando francés,
a veces me parecía que me había librado
de todo rastro de mi origen …


I loathed you, Spoon River. I tried to rise above you,
I was ashamed of you. I despised you
as the place of my nativity.
and there in Rome, among the artists,
speaking Italian, speaking French,
I seemed to myself at times to be free
of every trace of my origin ...

Edgar Lee Masters
Tr. J.López Pachecho
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Foto: "Cable Car" de Alejandro Gulminelli

domingo 4 de octubre de 2009

Toco tu boca

Pero el amor, esa palabra…

......Me invitas a saltar y no puedo dar el salto; me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado; para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo.
......Lo que mucha gente llama amar consiste en el elegir el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. (…) vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

Rayuela. Cap. 93.