domingo 31 de mayo de 2009

Opiniones de un payaso (*)


............Oscurecía ya cuando llegue a Bonn, y me forcé esta vez a no poner en marcha el piloto automático que en cinco años de viajar se ha formado en mi interior: bajar las escaleras del andén, subir las escaleras del andén, dejar maleta, sacar billete del bolsillo del abrigo, recoger maleta, entregar billete, al puesto de periódicos, comprar periódicos de la tarde, salir a la calle, llamar un taxi. Durante cinco años partí yo casi todos los dias de algún punto y llegue a cualquier otro punto, por la mañana subía y bajaba las escaleras de la estación, tomaba taxis buscaba dinero en el bolsillo de mi chaqueta para pagar al conductor, compré periódicos en el quiosco, y en algún rincón de mi conciencia disfruté la incuria minuciosamente estudiada de este piloto automático. Desde que Marie me ha abandonado para casarse con este católico, Züpner, el funcionamiento se ha hecho todavía más automático, sin perder su incuria. Para el trayecto de la estación al hotel, del hotel a la estación, hay una unidad de medida: el taxímetro. Y así dista dos marcos, tres marcos, cuatro marcos cincuenta de la estación.




..........Desde que Marie se ha ido, he perdido el ritmo alguna que otra vez, he tomado el hotel por estación, nervioso ante la conserjería he buscado mi billete o a la entrada del andén he preguntado al empleado el número de mi habitación, algo, llámesele casualidad, o lo que sea, me hizo recordar mi presión y mi situación. Soy un payaso.



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(*) Texto: Heinrich Böll: Opiniones de un payaso.
Imágenes: Mariano Imperial.

viernes 22 de mayo de 2009

Cicatrices (parte II)


Las persianas no se cerraron / ni se enredaron en su eje,/ había puñados de hormigón/ en cada uno de tus párpados.

martes 19 de mayo de 2009

In a station of the metro


The apparition of these faces in the crowd;
petals on a wet, black bough.



E. Pound

sábado 9 de mayo de 2009

Sobre el Cantar de los cantares.

Cuando leo el Cantar de los cantares
pienso: ¿cómo es posible que la dicha
-simbólica o real o figurada-
tenga que ver con el amor? ¡Qué raro!
Imagino que hay veces en la vida
en que el deseo nubla los sentidos
y apetece fundir dos soledades
en una sola y construir el mundo
desde el principio, como si la historia
no contase y el tiempo y el espacio
no estuviesen ahí. Pero esas cosas
deben guardarse dentro y no contarlas
a todo el mundo en plan "Bésame, vamos,
qué bella eres, soy la flor silvestre,
paloma mía, no hay en ti defecto,
despierta, corre, ven, dame tus labios,
enferma estoy de amor, llévame al lecho,
levántate" y demás intimidades.
El amor positivo, el que nos guía
hacia arriba y nos salva del infierno,
es siempre una excepción. Si Margarita
logró que Fausto no se condenara,
eso no significa que ya siempre
vaya a ocurrir lo mismo. Margaritas
no abundan. Lo corriente es que el amor
te sepulte en la sima de la angustia
y no que te conduzca al paraíso.
Amor es pesadilla, duro fármaco
que crea dependencia y sufrimiento.
Por eso de los libros sapienciales
que ennoblecen la Biblia (y añorando
las Biblias de verdad, las que tejieron
los viejos pueblos de Mesopotamia
y que, ay, no han llegado hasta nosotros)
no es el Cantar mi libro favorito.
Me gustan más los Psalmos (con ps)
Job y el Eclesiastés, por ese orden,
libros todos escritos desde el fondo
de una fosa, en el zulo de la vida,
como mandan los cánones humanos.
Será que no soy joven ya, y la muerte
va dibujando abismos a mi espalda,
y Dios no me hace caso, y tú te has ido,
y estoy de mal humor últimamente.
Será que cada vez me dice menos
el pensamiento judeocristiano.
No sé lo que será, pero he leído
muy despacio el Cantar; en una nueva
y erudita versión, y su lectura
me ha servido de poco, más o menos
lo mismo que un rumor que no se oye
o una luz que se apaga.


Luis Alberto de Cuenca.